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Tte. Agneta 1181
Rosario, Santa Fe
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La fachada es la carta de presentación de una casa o local. Un exterior descuidado, con pintura desgastada o colores poco armónicos, puede generar una impresión negativa antes incluso de cruzar la puerta. En cambio, una fachada limpia, bien pintada y con colores atractivos transmite cuidado, renovación y calidad.
Según diversos estudios del mercado inmobiliario, las propiedades con fachadas recién pintadas en tonos neutros o tierra suelen venderse más rápido y a mejor precio. Colores como gris claro, beige, blanco roto o verde oliva suave aportan elegancia, modernidad y una sensación de frescura que atrae a un público amplio.
Por otro lado, los colores exteriores demasiado llamativos o personalizados (como el rojo intenso o el azul eléctrico) pueden limitar el interés de los potenciales compradores, ya que no todos están dispuestos a realizar cambios estéticos antes de mudarse.
Dentro de la propiedad, la pintura tiene el poder de ampliar visualmente los espacios, mejorar la luminosidad y generar emociones positivas. Por eso, al preparar una casa o local para la venta, es clave elegir colores que funcionen como un lienzo en blanco pero con carácter.
Los tonos más recomendados para interiores son los neutros cálidos, como el blanco tiza, arena, gris suave, crema o greige (una combinación de gris y beige). Estos colores tienen dos ventajas principales: hacen que los ambientes parezcan más amplios y luminosos, y permiten a los compradores imaginarse viviendo allí con su propio estilo.
Los colores neutros también facilitan la integración de diferentes elementos decorativos, lo que puede ser útil si el espacio ya está amoblado o decorado para la presentación.
No todas las áreas de la propiedad tienen el mismo peso a la hora de tomar una decisión de compra. Las cocinas y los baños suelen ser puntos críticos, y su presentación puede ser decisiva. Pintar estos ambientes en tonos blancos, celestes suaves o gris perla refuerza la sensación de limpieza, orden y renovación.
En el dormitorio principal, tonos como azul claro, verde salvia o gris cálido transmiten calma y bienestar, dos sensaciones que influyen profundamente en la experiencia del comprador. Evitar colores demasiado oscuros o saturados es fundamental para no generar sensación de encierro o reducir visualmente el espacio.
Si se trata de un local comercial, el color puede influir tanto en el valor de reventa como en el atractivo para un nuevo inquilino o propietario. En este caso, conviene pensar en tonos versátiles y profesionales, como el gris grafito claro, el blanco puro, el marfil o incluso el azul petróleo en detalles. Estos colores permiten adaptar el espacio a diferentes rubros y proyectan una imagen moderna y cuidada.
También es importante considerar la zona y el tipo de clientes habituales: un local en un barrio residencial no debería tener la misma paleta que uno ubicado en un distrito comercial o gastronómico.
A veces, una simple capa de pintura en marcos de ventanas, puertas, zócalos o rejas puede elevar significativamente la imagen del conjunto. Elegir colores complementarios que resalten sin romper la armonía general es una estrategia sencilla pero efectiva.
Por ejemplo, puertas pintadas en colores sobrios como el azul marino, negro o borgoña, sobre fachadas neutras, pueden agregar un toque de elegancia que no pasa desapercibido.